La Apertura de la Ventana

 La herencia de los Picos Gemelos

Quizá los hombres de Thule jamás comprendieron realmente lo que habían hecho. Creyeron haber encontrado otra fuerza oculta que estudiar y dominar. Tal vez algunos incluso pensaron que podían cerrar la grieta cuando hubieran obtenido aquello que buscaban.

Pero las puertas que comunican con las profundidades obedecen reglas diferentes. Desde nuestro lado pueden abrirse. Desde el otro lado también. Y ahora hay alguien empujando.

Desde los acontecimientos de los Picos Gemelos la Ventana permanece abierta. Al principio apenas era una rendija por la que pudieron deslizarse seis djinn. Ahora es algo mayor. Cada batalla la ensancha. Cada muerto la alimenta. Cada acto provocado por los Yahamman debilita un poco más aquello que separa ambos mundos.

Y llegará un momento en que la abertura sea suficiente. Entonces los seis jinetes habrán terminado su tarea. Las aishas habrán preparado su ejército. Las huestes de las profundidades estarán esperando. Y Shaitan atravesará la Ventana.

 

La apertura de la Ventana

Lo sucedido en los Picos Gemelos no terminó cuando cesaron los combates.

Bajo aquellas montañas había algo mucho más antiguo que las fortalezas, los caminos y los hombres que habían luchado sobre ellas. Una de aquellas grietas de las que hablaban las viejas leyendas, una Ventana de las Profundidades, permanecía allí desde tiempos olvidados, cerrada por una frontera invisible que separaba nuestro mundo de otros lugares.

Durante siglos permaneció dormida.

Hasta que llegó Thule.

Lo que despertaron los hombres

Cuando los miembros de la Orden Thule comenzaron sus actividades en los Picos Gemelos no conocían la verdadera naturaleza de aquello que habían encontrado. Sus excavaciones, ceremonias y experimentos ocultistas perseguían otros objetivos. Buscaban fuerzas antiguas que pudieran comprender, dominar y convertir en armas.

Pero algunas puertas no necesitan ser abiertas.

Basta con debilitar sus cerraduras.

Los rituales realizados bajo los Picos Gemelos fueron desgastando lentamente la barrera. Cada ceremonia, cada sacrificio y cada intento de alcanzar aquello que existía al otro lado hizo que la frontera se volviera un poco más frágil.

Hasta que algo respondió.

No hubo una gran explosión.

No apareció ninguna criatura gigantesca.

No se abrió ante ellos una puerta envuelta en llamas.

Simplemente, la Ventana quedó entreabierta.

Y desde el otro lado alguien se dio cuenta.

Los primeros en atravesarla

Los Yahamman fueron los primeros.

Los seis djinn llevaban incontables generaciones esperando una oportunidad semejante. No necesitaban que la Ventana estuviera completamente abierta. Como criaturas del mundo invisible podían deslizarse por una grieta demasiado estrecha para aquello que permanecía detrás de ellos.

Uno tras otro atravesaron la frontera. Alqaswa. Khiana. Kidhb. Altaetim. Alhuzn. Yakhaf.

Su llegada no fue un ataque. Fue una avanzadilla. Porque los Yahamman no habían venido para conquistar el mundo. Habían venido para prepararlo para quien debía hacerlo.

 Una puerta que se abre desde ambos lados

Ese es el verdadero peligro de lo sucedido en los Picos Gemelos. La Ventana no volvió a cerrarse. Peor aún: continúa abriéndose.

Cada Yahamman que permanece en nuestro mundo actúa como un vínculo con aquello que existe al otro lado. Su presencia debilita la frontera, pero también lo hacen sus acciones. Cuando Alqaswa provoca una matanza, la Ventana se abre un poco más. Cuando Khiana consigue que los compañeros se traicionen, la Ventana se abre un poco más. Cada mentira de Kidhb, cada obsesión sembrada por Altaetim, cada alma quebrada por Alhuzn y cada hombre dominado por Yakhaf alimentan la misma grieta.

La corrupción humana se ha convertido en la fuerza que mantiene abierta la puerta. Por eso los Yahamman buscan guerras. No necesitan iniciarlas. Los hombres son perfectamente capaces de hacerlo por sí mismos. Ellos solamente deben asegurarse de que no terminen.

 

 La guerra como alimento

Los acontecimientos de la guerra del Rif proporcionaron exactamente aquello que necesitaban: violencia, muerte, miedo. odio y traición.

Hombres dispuestos a cometer atrocidades convencidos de que servían a una causa superior.

Cada cadáver abandonado fortaleció a Alqaswa. Cada sospecha entre aliados alimentó a Khiana. Cada rumor, cada falsa acusación y cada engaño dieron fuerza a Kidhb.

Los Yahamman sabían que no necesitaban conquistar a la humanidad. Solamente tienen que ayudarla a destruirse. Siguen las guerras como los buitres siguen a los ejércitos. Allí donde los hombres se matan, ellos encuentran alimento.Y detrás de los ejércitos llegan otros seres.

 

 Algo permanece detrás

Aunque los Yahamman pudieron atravesar la Ventana, Shaitan todavía no puede. La grieta continúa siendo demasiado pequeña para que su poder se manifieste plenamente en nuestro mundo. Pero puede observar. Puede susurrar. Puede tentar. Y, sobre todo, puede esperar.

Desde las profundidades contempla cómo sus seis jinetes recorren el mundo extendiendo aquello que permitirá su llegada. Tras ellos aguardan sus huestes: djinn corrompidos, ifrit sometidos, criaturas que no tienen nombre entre los hombres, seres para los que las aishas preparan cuerpos en nuestro mundo.

Todos esperan que la Ventana se abra un poco más.

 

 Los que escucharon los susurros

La apertura de la Ventana también permitió que la voz de Shaitan llegara con mucha mayor fuerza hasta nuestro mundo.

Algunos djinn comenzaron a escucharla. También los ifrit. Hechiceras que durante generaciones habían practicado antiguas artes comenzaron a tener sueños procedentes de las profundidades. Algunas aishas despertaron pronunciando palabras que jamás habían aprendido.

No todas aceptaron aquella llamada. Pero suficientes lo hicieron. Shaitan les prometió conocimiento, poder y secretos olvidados por los hombres. A cambio solamente debían preparar aquello que llegaría después.

En cavernas y lugares escondidos comenzaron los rituales. Los cadáveres de las guerras desaparecieron. Tumbas antiguas fueron abiertas. Y en las profundidades comenzaron a fabricarse cuerpos para espíritus que todavía esperaban al otro lado.