Los Jinetes Yahamman
La leyenda de los Yahamman
Entre las historias que durante siglos han recorrido los caminos del Magreb existen algunas que rara vez fueron confiadas al papel. Relatos transmitidos junto al fuego, repetidos por viajeros y ancianos y conservados en lugares donde las montañas se alzan sobre desiertos y barrancos. Entre ellos se encuentra la historia de los Yahamman, los djinn que cabalgan al servicio de Shaitan.
Los viejos narradores aseguran que su nombre procede de una palabra anterior incluso a la llegada del islam, cuyo verdadero significado se perdió hace mucho tiempo. Otros sostienen que Yahamman no es sino una corrupción de Jahannam, el nombre dado al Infierno, pues de sus regiones más profundas habrían surgido estas criaturas.
Sea cual sea la verdad, todos los relatos coinciden en algo: los Yahamman no pertenecen por completo a nuestro mundo.
La ventana de las profundidades
Según la leyenda, existen lugares donde la tierra es mucho más profunda de lo que los hombres imaginan.
Bajo montañas, desiertos y cavernas se extienden regiones que jamás han contemplado la luz del sol. Los djinn conocen algunos de esos caminos y evitan aproximarse a ellos, pues aseguran que determinadas grietas descienden hasta lugares donde las fronteras entre el mundo de los hombres y las regiones infernales se vuelven extraordinariamente débiles.
Los antiguos llamaban a esas grietas las ventanas de las profundidades.
No son puertas que puedan abrirse con una llave. Aparecen cuando el mundo de los hombres se llena de violencia, miedo y sufrimiento. Las guerras, las matanzas y las traiciones alimentan lentamente la oscuridad hasta que algo, desde el otro lado, consigue abrir una brecha.
Y cuando una de esas ventanas se abre, Shaitan puede mirar a través de ella. No necesita atravesarla personalmente. Su influencia basta.
Sus susurros recorren entonces el mundo invisible buscando criaturas dispuestas a escucharlo.
Los servidores de Shaitan
El Corán y las tradiciones musulmanas hablan de Shaitan como aquel que susurra en los corazones de los hombres, invitándolos a apartarse del camino correcto. La leyenda de los Yahamman lleva esa idea mucho más lejos.
Según los narradores, Shaitan también puede susurrar a los djinn. Algunos resisten. Otros escuchan.
Los más poderosos entre aquellos que aceptaron sus palabras terminaron convirtiéndose en algo diferente. Sus cuerpos cambiaron, sus espíritus se oscurecieron y los sentimientos humanos que Shaitan empleaba para corromper a los hombres terminaron formando parte de su propia naturaleza.
Así nacieron los Yahamman. No son simples djinn malignos. Cada uno representa una de las voces mediante las cuales el Mal penetra en el corazón de los hombres. Crueldad. Traición. Mentira. Ofuscación. Tristeza. Miedo. Por ello las antiguas historias hablan casi siempre de seis Yahamman. Seis jinetes. Seis tentaciones. Seis heraldos que precederán la llegada de algo mucho peor.
Alqaswa, la Crueldad
Se dice que cabalga allí donde los hombres han comenzado a disfrutar de la muerte de otros hombres. Cada cadáver abandonado después de una batalla aumenta su fuerza, sin importar a qué ejército perteneciera en vida. Para Alqaswa no existen amigos ni enemigos, vencedores ni derrotados. Solamente muertos.
Cuantos más cuerpos cubren la tierra, más poderosa se vuelve su presencia y más fácil resulta convencer a los supervivientes de que continúen matando.
Khiana, la Traición
No necesita blandir un arma. Basta con que permanezca cerca de los hombres para que aparezca la sospecha. Viejos compañeros comienzan a desconfiar unos de otros. Los juramentos parecen falsos. Los amigos interpretan cada palabra como una amenaza.
Las leyendas dicen que Khiana obtiene su mayor victoria cuando consigue que un hombre destruya aquello que más ama creyendo que estaba defendiéndose de ello.
Kidhb, la Mentira
Es quizá el más difícil de reconocer. Kidhb puede hacer que los hombres vean aquello que desean ver. Caminos donde solamente existen precipicios. Amigos donde aguardan enemigos. Monstruos donde permanecen inocentes.
Algunos relatos aseguran incluso que Kidhb puede adoptar el aspecto de otras personas. Por eso los viajeros del desierto advertían que, cuando Kidhb cabalga cerca, ni siquiera los propios ojos merecen confianza..
Altaetim, la Ofuscación
Su poder no consiste en engañar, sino en impedir que un hombre pueda pensar en otra cosa que no sea aquello que domina su mente. Una idea. Una misión. Una venganza. Una obsesión.
Quienes caen bajo su influencia pueden perseguir durante días aquello que Altaetim ha colocado en sus pensamientos, ignorando el hambre, las heridas, los ruegos de sus compañeros e incluso su propia muerte..
Alhuzn, la Tristeza
Los narradores dicen que es el más silencioso de los seis. Cuando Alhuzn aparece no hay gritos ni visiones. Simplemente desaparece la esperanza. Los hombres dejan caer sus armas. Los viajeros se sientan junto al camino convencidos de que jamás alcanzarán su destino. Incluso los guerreros más valientes olvidan las razones por las que luchaban.
Alhuzn no necesita matar. Hace que los hombres dejen de querer vivir..
Yakhaf, el Miedo
Su llegada puede sentirse antes de verlo. Los animales huyen. Las llamas tiemblan aunque no exista viento y los hombres comienzan a escuchar sonidos que nadie más parece percibir.
Cuando finalmente Yakhaf muestra su verdadero rostro, incluso los más valientes pueden quedar paralizados. Algunos pierden la razón. Otros corren sin saber hacia dónde. Los más desafortunados sobreviven. Porque quienes han contemplado demasiado tiempo a Yakhaf, aseguran las historias, continúan viéndolo cada vez que cierran los ojos.
Las servidoras de las profundidades
Pero los Yahamman no forman por sí solos el ejército de Shaitan.
Las historias hablan también de aishas, hechiceras y criaturas del mundo invisible que han escuchado sus susurros. Algunas sirven voluntariamente. Otras han sido doblegadas por los propios Yahamman.
A ellas corresponde una tarea terrible.
En las profundidades existen cosas que no han nacido de mujer ni de criatura alguna.
Son cuerpos fabricados.
Carne modelada mediante artes prohibidas, huesos unidos siguiendo formas que nunca deberían existir y criaturas incompletas que permanecen inmóviles esperando recibir aquello que les falta.
Vida.
Las aishas conocen los rituales necesarios para proporcionársela.
Pero las guerras ofrecen una materia todavía más abundante.
Los muertos.
Los cadáveres abandonados en campos de batalla pueden ser recogidos, transformados y devueltos al mundo mediante ceremonias realizadas bajo tierra.
Por eso existe un antiguo proverbio atribuido a los pueblos de las montañas:
«No dejéis solos a vuestros muertos cuando caiga la noche, pues quizá al amanecer ya sirvan a otro señor.»
Las servidoras de las profundidades
Los Yahamman no pretenden gobernar. Tampoco desean riquezas, tierras o palacios. Son únicamente heraldos. Su misión consiste en preparar el mundo para aquel a quien sirven.
Allí donde cabalga Alqaswa aumenta la matanza. Donde aparece Khiana desaparece la confianza. Kidhb destruye la verdad. Altaetim encadena las mentes. Alhuzn acaba con la esperanza. Y Yakhaf convierte el valor en terror. Cada uno debilita una parte distinta del alma humana.
Mientras tanto, bajo la tierra, algo está reuniendo los restos: cadáveres, huesos, criaturas fabricadas, djinn corrompidos, seres que jamás deberían haber recibido vida.
Todo ello forma parte de un ejército que todavía permanece oculto.
La profecía de los seis
Dice la leyenda...
"Los seis Yahamman pueden aparecer separados durante siglos. Uno puede ser visto en Arabia, otro en las montañas del Atlas y otro mucho más allá de las tierras conocidas. Su presencia aislada anuncia únicamente desgracias. Pero llegará un tiempo en que los seis cabalgarán sobre la misma tierra.
Entonces habrá guerra entre los hombres. Los muertos serán tantos que nadie podrá enterrarlos. Los hermanos desconfiarán de los hermanos. La mentira será tomada por verdad. Los hombres perseguirán obsesiones que ellos mismos no comprenderán. Los fuertes perderán la esperanza. Y los valientes conocerán el miedo.
Cuando todo eso ocurra habrá que mirar hacia la tierra. Porque en algún lugar bajo ella una ventana se habrá abierto.
Y los Yahamman no estarán llegando. Estarán preparando el camino."