Los gules en el Rif
La tribu Gul
Las leyendas estaban equivocadas en muchas cosas, pero acertaban en lo esencial: los gules existen.
Durante siglos habitaron las regiones más inaccesibles del Rif. Cuevas, barrancos y galerías olvidadas les permitieron permanecer cerca de los hombres sin ser descubiertos. Sus apariciones fueron interpretadas como ataques de animales, desapariciones de viajeros o simples cuentos con los que asustar a los niños. Los propios gules tampoco hicieron demasiado por abandonar aquel aislamiento. Eran criaturas dispersas, reunidas en pequeños grupos y dominadas por el hambre, la violencia y antiguos instintos que apenas comprendían.
Pero todos ellos compartían un mismo origen: la Maldición del Rif.
La maldición del Rif
Quienes caen bajo ella comienzan su existencia como Gules Cosechadores. Son los recién transformados, atrapados en una frontera terrible entre el hombre que fueron y la criatura en la que están convirtiéndose. Todavía conservan recuerdos, fragmentos de conciencia e incluso algunos rasgos humanos, pero estos desaparecen poco a poco mientras sus cuerpos se deforman y sus antiguos pensamientos se pierden.
Cuando la transformación concluye aparecen los Gules Carroñeros. Ya apenas queda humanidad reconocible en ellos. El hambre domina sus actos y buscan carne, sangre y huesos con una ferocidad casi animal. Sin embargo, en algún lugar de aquellas criaturas permanece atrapada el alma de quien fueron, condenada a contemplar eternamente aquello en lo que se ha convertido.
Finalmente están los Quebrantahuesos, los más terribles de la tribu. No todos los gules llegan a convertirse en uno de ellos. Algunos poseen un extraño metabolismo sobrenatural que hace crecer y deformarse sus cuerpos hasta alcanzar proporciones monstruosas. Son criaturas de una fuerza descomunal y un sufrimiento permanente, difíciles de controlar salvo mediante una magia poderosa.
La Reina Gul
Durante mucho tiempo aquello fue todo cuanto existió: manadas escondidas en la oscuridad.
Hasta que llegó la Reina Gul.
Tinnhak Taarnher
Nadie sabe con certeza cómo se llamaba antes.
Entre los rifeños sobreviven historias contradictorias sobre una Aisha, una mujer conocedora de antiguas prácticas y secretos que otros habían olvidado. Algunos aseguran que ya trataba con fuerzas que habitaban las montañas mucho antes de desaparecer del mundo de los hombres. Otros dicen que fueron precisamente los gules quienes la encontraron.
Lo cierto es que no se convirtió en una de aquellas criaturas.
Se convirtió en su reina.
Donde otros únicamente veían monstruos, ella comprendió que existía algo más. Los gules podían obedecer. Podían reconocer jerarquías. Incluso las bestias más salvajes podían ser conducidas mediante la magia adecuada. Poco a poco comenzó a reunir a grupos dispersos, sometiendo a unos y atrayendo a otros hasta formar algo que jamás había existido en el Rif: una verdadera tribu gul.
La Reina les dio refugios, territorios y una voluntad común. Los Cosechadores dejaron de vagar sin rumbo; los Carroñeros comenzaron a cazar allí donde ella ordenaba y los Quebrantahuesos se convirtieron en la fuerza terrible con la que imponer su autoridad.
No pretende devolverles la humanidad.
La Reina Gul considera que la humanidad de sus súbditos pertenece al pasado. Para ella, los gules no son hombres enfermos ni muertos que deban descansar. Son un pueblo diferente, nacido de una maldición y condenado a vivir oculto porque los hombres jamás aceptarían su existencia.
Y ella ha decidido que ese tiempo está llegando a su fin.
El general que regresó de Annual
La batalla de Annual proporcionó a la tribu algo que la Reina Gul jamás habría podido conseguir por sí sola.
Miles de muertos.
La guerra llenó el Rif de cadáveres y hombres desaparecidos, mientras los ejércitos combatían sin comprender que otra fuerza se movía entre ellos. Los ataques de los gules podían confundirse fácilmente con las atrocidades de la guerra y cada nuevo combate proporcionaba alimento, escondites y nuevos candidatos para engrosar la tribu.
Pero entre todos aquellos hombres hubo uno diferente.
Manuel Fernández Silvestre
Manuel Fernández Silvestre no murió realmente en Annual.
Tiempo antes, hombres bajo su mando habían encontrado un antiguo pergamino en el Rif. Silvestre cometió el error de leer aquello que contenía y quedó ligado a una maldición cuyo significado no comprendió hasta que fue demasiado tarde. Tras el desastre de Annual desapareció.
Mientras España buscaba el cadáver del general, Silvestre vagó por las montañas. Su cuerpo estaba muerto, pero algo se negaba a permitirle abandonar el mundo. El instinto nacido de la maldición terminó conduciéndolo hacia las profundidades del Rif, hasta las cuevas donde habitaban los gules. Allí fue recibido por Tiinnhak Taarnher.
Silvestre no era un Carroñero más. Conservaba algo que la mayoría de los transformados perdían: su inteligencia. Tras la muerte seguía existiendo parte del militar, del hombre acostumbrado a mandar tropas, organizar posiciones y conducir hombres a la batalla.
La Reina Gul comprendió inmediatamente el valor de aquello. Ella había conseguido crear una tribu. Silvestre podía convertirla en un ejército.
Ese es el papel que la Reina ha reservado para él. El antiguo comandante español debe enseñar a aquellas criaturas a combatir como una fuerza organizada: establecer partidas de guerra, proteger accesos a las cuevas, preparar emboscadas y convertir la ferocidad de los gules en algo mucho más peligroso que una simple manada.
La ironía no escapa a la Reina Gul. Uno de los hombres que llegó al Rif al frente de un ejército extranjero terminará utilizando todo cuanto aprendió para levantar el ejército que expulsará a los extranjeros del Rif.
El sueño de un reino
La Guerra del Rif ha cambiado todas las reglas.
España combate por conservar sus territorios. Francia observa con creciente preocupación lo que ocurre al otro lado de sus dominios. Las cabilas rifeñas luchan contra las potencias europeas y grandes extensiones de las montañas escapan durante largos periodos al control de cualquier autoridad.
Para los hombres aquello es una guerra.
Para la Reina Gul es una oportunidad que quizá no vuelva a repetirse en siglos.
Su ambición ya no consiste únicamente en proteger las cuevas donde se refugia su pueblo. Sueña con establecer un territorio propio en las montañas: un lugar donde ningún hombre pueda perseguirlos y donde los gules dejen de esconderse para convertirse en los dueños de la tierra.
No necesita conquistar ciudades ni proclamar fronteras ante las naciones.
Su reino crecerá de otra manera.
Una aldea abandonada. Un valle donde nadie vuelve a viajar después del anochecer. Una posición militar cuyos soldados desaparecen. Una cueva que comunica con kilómetros de galerías. Cada espacio arrebatado al mundo de los hombres se convierte silenciosamente en parte de sus dominios.
Y cada batalla de la guerra proporciona nuevos muertos.
Nuevos Cosechadores.
Nuevos Carroñeros.
Nuevos súbditos.
Mientras españoles y rifeños se desangran disputándose las montañas, bajo sus pies está naciendo algo que ninguno de los dos bandos conoce todavía.
Un reino sin mapas ni fronteras.
El Reino de los Gules del Rif.