Shujaa Jabari

Shujaa Jabari tampoco conoció jamás una vida humana.
Fue concebido mediante el mismo oscuro ritual con el que Tinnhak Taarnher engendra a los Quebrantahuesos, aunque el resultado fue muy diferente al obtenido con Meng Tonga. Mientras Meng nació dominado casi exclusivamente por el hambre y la fuerza, Jabari desarrolló desde muy pronto una inteligencia primitiva pero inquietantemente consciente.
Tinnhak necesitaba algo más que una criatura capaz de destruir.
Quería una criatura capaz de atemorizar.
Durante el ritual que dio origen a Jabari, la Reina Gul alteró deliberadamente el proceso, alimentando su nacimiento con sangre obtenida de guerreros muertos y con determinados preparados rituales. El resultado fue un gul enorme, cruel y sorprendentemente consciente del efecto que provoca en quienes lo contemplan.
Jabari sabe que los hombres le tienen miedo.
Y disfruta con ello.
Cuando ataca, no intenta sorprender. Ruge, golpea las paredes, rompe objetos y permite que sus víctimas sepan que se aproxima. Para él, la persecución forma parte de la caza. Cuanto mayor sea el terror antes del primer golpe, mayor parece ser su satisfacción.
Dentro de la tribu ocupa una posición particular. Los Carroñeros suelen apartarse cuando pasa y los Cosechadores muestran hacia él una mezcla de respeto y prudencia. Solo Meng Tonga parece ignorar completamente su autoridad. Ambos Quebrantahuesos mantienen una extraña rivalidad desde que eran jóvenes criaturas, enfrentándose periódicamente en brutales pruebas de fuerza que Tinnhak rara vez se molesta en detener.
Pese a toda su ferocidad, Jabari obedece inmediatamente a la Reina Gul.
Para Malefique esa sumisión resulta tan fascinante como preocupante. Ha visto a una criatura capaz de destrozar a un hombre con las manos detenerse en mitad de una carga únicamente porque Tinnhak pronunció unas palabras.
Por eso el Barón jamás olvida que los Quebrantahuesos pueden combatir junto a Los Devotos, pero no pertenecen a Los Devotos.
Son hijos de Tinnhak.