Hassan Amsaouek

En las aldeas del Rif hay hombres a los que se busca cuando enferma un niño, cuando desaparece una cabra o cuando alguien cree escuchar voces bajo el suelo de su casa. Hassan Amsaouek es uno de esos hombres. Conoce hierbas capaces de cerrar una herida, palabras que según él alejan el mal de ojo y cientos de historias que ningún hombre sensato debería escuchar después de la puesta de sol.

Desde joven mostró una fascinación enfermiza por los lugares abandonados. Mientras otros muchachos buscaban monedas entre las ruinas, Hassan buscaba inscripciones, huesos y pequeños objetos que los ancianos recomendaban dejar exactamente donde estaban. Con los años se convirtió en uno de los mayores conocedores de las antiguas leyendas del Rif y, aunque nunca recibió una educación comparable a la de Kadím o Yusuf, posee conocimientos sobre lo sobrenatural que ninguno de los dos puede explicar.

Hassan insiste en que no es un hechicero. Según él, un hechicero obliga a los espíritus a obedecer, mientras que un hombre inteligente procura simplemente no molestarlos. La distinción no tranquiliza demasiado a quienes han visto los amuletos que lleva escondidos bajo la ropa.

Su relación con Daya Hakima resulta especialmente complicada. Hassan reconoce abiertamente su poder, algo que rara vez hace con nadie, pero está convencido de que la joven conoce secretos que deberían permanecer olvidados. Hakima, por su parte, suele escuchar sus advertencias con una sonrisa que Hassan encuentra profundamente irritante.

Fue él quien confirmó ante el consejo que los extraños sucesos que estaban produciéndose en las montañas coincidían con historias anteriores incluso a la llegada del Islam al Rif. Desde entonces acompaña a Sayf y su partida como guía en asuntos que nadie quiere llamar abiertamente sobrenaturales.

Cuando los rifles dejan de servir, Hassan desenfunda su gumía. Porque una cosa es respetar a los espíritus y otra muy distinta permitir que te devoren.