Mulah Ustad

Nadie recuerda ya si Ustad es realmente su nombre o simplemente el título por el que terminaron conociéndolo todos sus alumnos. Durante décadas enseñó religión, historia, poesía y buenas maneras a varias generaciones de muchachos, aunque estos últimos conocimientos fueron siempre los que menos éxito tuvieron. Paciente con los niños, cortés con los ancianos y extremadamente severo con los necios, posee una cultura poco habitual y una inquietante facilidad para descubrir cuándo alguien está mintiendo.
Mulá respetado pero poco amigo de los excesos doctrinales, mantiene frecuentes discusiones con Kadím, quien considera que Ustad interpreta determinados preceptos con demasiada flexibilidad. Ustad responde normalmente citando algún sabio antiguo que contradice al imán, momento en el que ambos comienzan una disputa que puede durar horas y que el resto de la Hamsa ha aprendido a abandonar discretamente.
Durante muchos años ejerció también como sanador y maestro ambulante por las aldeas de las montañas. Allí escuchó innumerables relatos sobre genios, espíritus, lugares malditos y criaturas anteriores a la llegada de los hombres. Ustad asegura que no cree ni la mitad de esas historias, aunque ha tenido siempre la precaución de recordar perfectamente la otra mitad.
Su posesión más querida es un viejo rifle al que llama “Ocaple”. Nadie sabe de dónde procede el nombre y Ustad ofrece una explicación diferente cada vez que alguien se lo pregunta. Lo que sí saben todos es que, pese a su apariencia de viejo maestro, dispara con una precisión desconcertante.
Fue llamado por el consejo de la Hamsa para acompañar a la expedición como consejero, sanador y erudito. Desde entonces intenta moderar las decisiones de Sayf y, especialmente, impedir que Al Samín resuelva todos los problemas recurriendo inmediatamente a la gumía. Hasta ahora ha tenido un éxito limitado.