Shaykh Heddush

Shaykh de una pequeña cabila de las montañas del Rif, Heddush es uno de esos hombres acostumbrados a que los demás guarden silencio cuando comienza a hablar. Durante años ejerció como mediador entre familias enfrentadas, resolviendo disputas sobre tierras, ganado, matrimonios y venganzas de sangre. Su memoria prodigiosa para las genealogías y las antiguas leyes le ha proporcionado fama de hombre sabio y justo, aunque sus enemigos aseguran que suele encontrar con sorprendente facilidad argumentos que favorecen a sus amigos.
Hombre profundamente religioso y de una voluntad difícil de quebrar, posee además una extraordinaria habilidad para interpretar viejos escritos, inscripciones y documentos. Ha recorrido buena parte del norte de Marruecos buscando manuscritos relacionados con las antiguas tradiciones del Rif y está convencido de que muchas historias consideradas simples supersticiones esconden acontecimientos reales.
En su juventud combatió a caballo y todavía conserva el sable de caballería con el que luchó entonces. Aunque los años han reducido su velocidad, no su habilidad; Heddush sabe perfectamente dónde debe golpear para terminar una discusión de manera definitiva.
Conocía de antiguo a Idder, con quien ha compartido más de una larga noche hablando de los secretos de la Hamsa. Heddush sospecha que el anciano xerife sabe mucho más de lo que cuenta y lleva años intentando arrancarle algún secreto. Desde la llegada de Daya Hakima, sin embargo, ha comenzado a preguntarse si quizá existen cosas que sería mejor no conocer.
Aceptó acompañar a Sayf después de mantener con él una conversación que duró desde la puesta de sol hasta la llamada a la primera oración. No asegura que la espada Aisha sea auténtica, pero sostiene que eso carece de importancia: si miles de hombres creen en su Baraka, quizá la Baraka termine creyendo también en ellos.