El Capitán del Lieja
Hendrik van der Decken
Hendrik van der Decken nació en Róterdam, hijo de un comerciante relacionado con el tráfico marítimo de las Provincias Unidas. Creció entre almacenes, muelles y relatos de las enormes fortunas que llegaban desde Oriente y las colonias americanas. Siendo todavía muy joven se embarcó como marinero y durante años navegó en mercantes holandeses, aprendiendo el oficio hasta convertirse en un experimentado piloto. Pero Hendrik nunca tuvo demasiado interés en pasar su vida enriqueciendo a otros. El Caribe, con sus guerras, sus rutas comerciales y sus puertos repletos de mercancías, le ofrecía oportunidades mucho más tentadoras.
Durante la Guerra de Sucesión Española sirvió como corsario, atacando barcos enemigos y aprendiendo que la diferencia entre un capitán respetable y un pirata dependía muchas veces únicamente de quién hubiese firmado el papel que llevaba en el bolsillo. Terminada la guerra, Hendrik no quiso abandonar aquella vida. Reunió a algunos de sus antiguos compañeros y tomó el mando de un navío al que llamó El Lieja. Desde entonces alternó el contrabando con el saqueo de pequeñas embarcaciones, evitando enfrentamientos que pudieran atraer sobre él la atención de las grandes potencias. No llegó a convertirse en uno de los piratas más famosos del Caribe, pero sí adquirió reputación como un capitán astuto, obstinado y extraordinariamente ambicioso.

El tesoro de la Isla del Loro
Fue durante una estancia en Curaçao cuando Hendrik escuchó por primera vez hablar de la Isla del Loro. Un viejo navegante portugués aseguraba haber formado parte años atrás de una expedición que había encontrado una isla desconocida, habitada por indígenas, en cuyo interior existía un enorme tesoro. Hablaba de oro acumulado durante generaciones, de antiguos ídolos y de riquezas suficientes para convertir en príncipe al hombre que consiguiera apoderarse de ellas.
Hendrik comenzó a investigar aquella historia. Al principio fue simple curiosidad; después se convirtió en una obsesión. Durante años reunió testimonios de marineros, compró cartas náuticas, interrogó a contrabandistas y buscó documentos procedentes de expediciones desaparecidas. Muchas pistas resultaron falsas, pero todas parecían proceder de una historia más antigua: en algún lugar del Caribe existía realmente una isla que no aparecía en las cartas de navegación.
Finalmente supo de la existencia de un mapa.
Pertenecía a Estêvão Correia, un anciano piloto portugués que había navegado por el Caribe durante décadas. Correia afirmaba que el mapa había pertenecido a un compañero de juventud que logró regresar moribundo de una expedición a la Isla del Loro. Durante años se negó a venderlo, convencido de que aquella isla debía permanecer olvidada.
Hendrik no estaba dispuesto a aceptar una negativa.
Una noche, varios hombres de El Lieja entraron en la casa del portugués. A la mañana siguiente Correia apareció muerto y sus pertenencias habían sido registradas. Cuando El Lieja abandonó el puerto, Hendrik van der Decken llevaba consigo el mapa de la Isla del Loro.
Aquello que durante años había sido una historia de taberna se convirtió de repente en una ruta que podía seguir.
Jack el Desorejado
Hendrik cometió entonces su mayor error: permitió que demasiada gente supiera que había encontrado algo.
En una taberna del puerto, varios hombres de El Lieja celebraron con demasiado ron la fortuna que estaban a punto de conseguir. Entre quienes escuchaban sus fanfarronadas se encontraba Jack, un pirata, tahúr y contrabandista que llevaba años sobreviviendo gracias a saber cuándo escuchar y cuándo hacer desaparecer las pertenencias de otros.
Jack comprendió rápidamente que aquello no era otra historia de borrachos.
Durante una noche de alcohol y juego consiguió entrar en el lugar donde los hombres de El Lieja guardaban algunas de sus pertenencias. Encontró el mapa, pero antes de poder llevárselo entero fue descubierto. Jack arrancó una parte del pergamino y huyó con ella.
Los hombres de Hendrik fueron tras él por las calles del puerto. Jack consiguió escapar, aunque durante la pelea el sable de uno de sus perseguidores le arrancó buena parte de una oreja. Desde entonces comenzó a ser conocido como Jack el Desorejado.
Hendrik recuperó el resto del mapa, pero pronto descubrió la gravedad del robo. El fragmento desaparecido contenía la parte final de la ruta, precisamente aquella que permitía localizar con exactitud la Isla del Loro.
Sin embargo, todavía conservaba suficientes indicaciones para intentarlo.
Hendrik van der Decken ordenó preparar El Lieja y comenzó a reconstruir por su cuenta la ruta perdida. Durante meses siguió pistas, interrogó marineros y navegó entre pequeñas islas tratando de encontrar las referencias que faltaban. Cada fracaso alimentaba aún más su obsesión.
Para entonces sus hombres comenzaban a decir que su capitán había perdido el juicio.
Ninguno de ellos sabía todavía que el tesoro no era lo único que esperaba al final de aquella ruta.