Jack El Desorejado
El ladrón del mapa
Nadie en Tortuga conocía su verdadero nombre. Para todos era simplemente Jack el Desorejado, apodo que debía a la cicatriz que recorría el lado izquierdo de su cabeza y al pedazo de oreja que algún sable se había llevado años atrás. Jack había navegado bajo tantas banderas como capitanes había traicionado y tenía fama de contrabandista, tahúr y buscador de tesoros. Sin embargo, desde hacía algunos años apenas se alejaba de Tortuga y pasaba sus días entre las tabernas del puerto, bebiendo y contando historias que nadie sabía distinguir de sus mentiras.
Una de aquellas historias hablaba de El Lieja. Tiempo atrás, Jack había coincidido con varios hombres de su tripulación y había sabido que los holandeses poseían un mapa que conducía hasta una isla perdida del Caribe donde se ocultaba una fortuna. Poco antes de la última travesía del navío, y durante una noche de alcohol y juego, Jack consiguió hacerse con un fragmento de aquel mapa. Cuando los hombres de El Lieja descubrieron el robo fueron tras él. Jack logró escapar, pero perdió parte de una oreja durante la pelea que desde entonces dio origen a su apodo.
Jack nunca consiguió encontrar el tesoro. El fragmento que había robado resultaba inútil por sí solo: mostraba únicamente la parte final de una ruta y ciertas anotaciones que no podían comprenderse sin el resto del mapa. Convencido de que algún día aparecería la otra parte, lo escondió y esperó.
Años después comenzaron a llegar hasta Tortuga rumores sobre un barco holandés desaparecido cerca de la Isla de la Anguila. Entonces Jack comprendió que El Lieja jamás había regresado. Su oportunidad llegó definitivamente cuando Amaro Pargo y sus hombres encontraron los restos del navío y regresaron con la parte del mapa que todavía permanecía a bordo.
Pero aquellos ya no eran los mismos hombres que habían partido hacia la Anguila. La maldición de El Lieja había comenzado a extenderse entre la tripulación de El Bravo, enfrentando a antiguos compañeros y dividiéndolos en torno a Amaro Pargo y Juan Pedro Dujardín. Jack comprendió enseguida que podía sacar provecho de aquella rivalidad. Mientras Amaro intentaba encontrar al viejo pirata y convencerle para que entregara su fragmento, Jack frecuentó a unos y otros, compró secretos con ron y doblones y escuchó cuidadosamente las historias de los marineros que habían estado a bordo del navío maldito.
Poco a poco consiguió completar con aquellas informaciones lo que faltaba a su fragmento. Ya no necesitaba el resto del mapa. Sabía dónde debía dirigirse.
Cuando Amaro Pargo consiguió finalmente dar con él, Jack el Desorejado ya había abandonado Tortuga. Había reunido a unos pocos hombres y zarpado convencido de haber burlado al famoso corsario. Por primera vez, el fragmento que llevaba tantos años guardando tenía sentido y señalaba un destino: la Isla del Loro.
Jack llegó antes que El Bravo, pero su ventaja no le sirvió de mucho. Poco después de desembarcar, él y sus hombres fueron sorprendidos por los habitantes de la isla. Algunos murieron durante el enfrentamiento; otros desaparecieron en la selva. Jack fue capturado y conducido como prisionero hasta el poblado, donde permaneció sin saber qué destino habían reservado para él.
Allí seguía cuando, días después, Amaro Pargo alcanzó finalmente la Isla del Loro, ignorando que el hombre al que llevaba tanto tiempo buscando se encontraba prisionero en algún lugar de aquella selva.
