La Venganza

La venganza de Madame Marabi

Han pasado más de trescientos años desde que Marabi contempló las galeras de Pero Niño desaparecer en el horizonte. Entonces no era más que una niña, una de las supervivientes de aquellas familias atacadas por el corsario castellano y abandonadas en una costa desierta después de descubrir que sus embarcaciones no transportaban las riquezas que esperaba encontrar. Allí estuvo cuando Amina al-Qadima caminó hasta la orilla y lanzó sobre Pero Niño la maldición que habría de perseguirlo durante el resto de su existencia.

Pero mientras los hombres envejecían y morían, Marabi permaneció. Los conocimientos de su pueblo, antiguos ritos y secretos que jamás revelaría a ningún extraño prolongaron su existencia mucho más allá de los límites naturales. Vio pasar generaciones, reinos y guerras. Los hombres que habían conocido a Pero Niño se convirtieron primero en ancianos, después en recuerdos y finalmente en nombres escritos en viejos libros. Marabi, en cambio, llegó hasta el siglo XVIII. El tiempo había cambiado su aspecto y endurecido su espíritu, pero no había borrado el recuerdo de aquella playa ni su odio hacia el hombre responsable de su desgracia

La primera venganza

Marabi tuvo ocasión de cobrarse parte de aquella deuda gracias a Isabel de Villaseca. Cuando Isabel acudió a ella aterrorizada por la maldición que pesaba sobre los hijos de Pero Niño, Marabi comprendió inmediatamente algo que el castellano jamás había sabido interpretar. Amina no había condenado su sangre: había condenado a aquellos hijos que crecieran bajo su techo y fueran criados por él.

Isabel había tenido en secreto una hija de Pero Niño. Mientras la pequeña permaneciera lejos de su padre, podía vivir. Marabi ayudó a Isabel a ocultarla y finalmente a huir de España con la niña, arrebatándole a Pero Niño algo cuya existencia ni siquiera llegó a conocer. Para Marabi aquello fue su primera venganza. Mientras el orgulloso corsario veía morir a los hijos que criaba junto a él y maldecía un destino que no comprendía, una hija de su propia sangre crecía lejos de su alcance.

Pero aquella niña sobrevivió y tuvo descendencia. Sus hijos tuvieron a su vez los suyos y, generación tras generación, la sangre de Pero Niño continuó prosperando precisamente porque permanecía lejos de él. Marabi conocía la existencia de aquella estirpe y durante siglos guardó su secreto.

Pero Niño murió ignorándolo. Aunque la muerte tampoco terminó con él. Marabi supo con el tiempo que el alma del castellano había quedado atrapada entre ambos mundos. El viejo corsario continuaba navegando en un navío que no pertenecía al mundo de los vivos, rodeado por una tripulación de almas condenadas como la suya. Durante siglos, Pero Niño creyó que su linaje se había extinguido. Hasta que descubrió la verdad.

La deuda que todavía permanece

Marabi supo que algo había cambiado cuando comenzaron a llegar historias acerca del barco de los condenados. Pero Niño ya conocía la existencia de aquella descendencia que Isabel había conseguido ocultarle. Y había descubierto algo todavía más peligroso: uno de sus descendientes, un niño, estaba cruzando el Atlántico rumbo al Caribe.

Pero Niño iba tras él. Marabi comprendió entonces que la historia iniciada tres siglos atrás todavía no había terminado. Había conseguido engañar al castellano en vida y mantener su descendencia lejos de él, pero ahora el muerto pretendía reclamar aquello que consideraba suyo.

Fue precisamente entonces cuando otro capitán llamó a su puerta. Su nombre era Amaro Pargo.

La maldición de El Lieja

Amaro acudió a Madame Marabi buscando ayuda contra una maldición que estaba destruyendo todo cuanto encontraba a su paso. Desde que sus hombres habían puesto las manos sobre el mapa recuperado de El Lieja, algo había cambiado. La desconfianza se extendía entre quienes habían combatido juntos durante años. Viejos amigos discutían por cualquier motivo, la codicia crecía y hombres que antes habrían confiado sus vidas unos a otros comenzaban a verse como enemigos.

Amaro había comprendido que aquello no era una simple disputa por un tesoro. El mapa de El Lieja estaba maldito. Necesitaba encontrar una forma de librarse de aquella condena y las historias que circulaban por los puertos del Caribe terminaron llevándolo hasta Madame Marabi. Se decía que aquella mujer conocía maldiciones antiguas, hablaba con fuerzas que los sacerdotes preferían no nombrar y poseía conocimientos procedentes de lugares que ningún europeo encontraría en un mapa.

Marabi escuchó atentamente cuanto Amaro tenía que contarle. Y vio una oportunidad.

La sangre del niño

Marabi sabía que Pero Niño buscaba al niño. Sabía que su barco espectral trataría de interceptarlo antes de que alcanzase su destino y sabía también que enfrentarse directamente al castellano y a su tripulación de condenados podía resultar imposible.

Pero ahora tenía ante ella a Amaro Pargo, un corsario desesperado por librarse de una maldición y dispuesto a cruzar medio Caribe si aquello podía salvarlo. Marabi decidió utilizarlo.

Le explicó que existía una forma de romper la maldición de El Lieja. El ritual, aseguró, necesitaba algo extraordinariamente difícil de conseguir: la sangre de un niño perteneciente a una antigua estirpe maldita. Aquella sangre, nacida de una línea que había conseguido escapar durante siglos de su propia condena, poseía la fuerza necesaria para quebrar otra maldición.

Era mentira. La sangre del niño nada tenía que ver con El Lieja. Pero Amaro no podía saberlo. Marabi le proporcionó cuanto necesitaba para encontrar al pequeño: el barco en el que viajaba, la ruta que debía seguir y las aguas por las que tendría que pasar antes de alcanzar el Caribe. Le advirtió también de que Pero Niño iba tras él, aunque no le reveló toda la verdad sobre la relación entre el capitán muerto y aquel muchacho.

Para Amaro Pargo la misión era sencilla: encontrar al niño antes que Pero Niño, conseguir su sangre y regresar con ella hasta Madame Marabi. Después, ella realizaría el ritual que supuestamente acabaría con la maldición de El Lieja.

Pero Marabi perseguía otro propósito. Había esperado más de trescientos años. Había visto a Pero Niño morir sin comprender su condena y después regresar como una criatura atrapada entre dos mundos. Había protegido el secreto de su descendencia durante generaciones y ahora el propio Pero Niño amenazaba con destruir aquello que había logrado escapar de él. La sangre de aquel niño era la pieza que necesitaba para enfrentarse definitivamente al condenado.

Amaro Pargo creía estar buscando la salvación de su tripulación. Pero en realidad se había convertido en el instrumento de una venganza comenzada tres siglos atrás, en una playa olvidada del Mediterráneo. La venganza de Madame Marabi.